Personajes para la Historia: Hermanos Lumière

¿Os gusta el cine? A nosotros nos encanta. No hay nada mejor que una tarde lluviosa de invierno entre palomitas y una buena película, ¿verdad? Además, no hace falta ni salir de casa si no nos apetece. Basta con encender la televisión o elegir un DVD para disfrutar del séptimo arte. Sí, porque si no lo sabéis el cine es un arte, uno que hoy todos podemos disfrutar y crear, pero que hasta hace algo más de 100 años era una fantasía.

Nosotros, los que estamos detrás de DICUVI, nacimos en el siglo XX, y sabemos que muchos de vosotros lo hicisteis bastante después. ¡Ojo! ¡No decimos nuestra edad pero tampoco somos tan mayores! La verdad es que fuimos los primeros en conocer las cámaras en los teléfonos móviles, algo que antes era un lujo y que ahora permite hasta rodar películas enteras. Este es el presente, pero para llegar hasta aquí hace muchos años que alguien tuvo que decir: “Quiero grabar la realidad. Quiero grabar imágenes en movimiento”. Y por eso hoy nos sumergimos en el origen del cine a través de los hermanos Lumière: Louis y Auguste.

Nuestros orígenes, lo que aprendemos en casa, puede marcar nuestro futuro. Eso fue lo que ocurrió con los hermanos Lumière. Antoine Lumière, padre de Louis y Auguste, era un retratista que tras irse a vivir a Lyon abrió un estudio fotográfico que pronto se convirtió en un éxito, ya que todo el mundo quería verse en un retrato —era algo así como el selfie de la época—. Con la primera piedra puesta en el camino, los Lumière, quienes crecieron leyendo a Julio Verne, se interesaron rápidamente por seguir los pasos de su padre mientras estudiaban en la escuela técnica de La Martinière y daban rienda suelta a su apetito científico. Porque no lo olvidemos, la curiosidad y el deseo por aprender ha hecho que el mundo evolucione.

Querían saber más y querían conseguir lo nunca visto. En 1881, cuando Louis apenas contaba con 16 años, todo su esfuerzo se centraba en lograr detener el movimiento en las fotos. ¿Os gusta haceros fotos saltando a la piscina o en la playa? Pues también lo hacéis gracias a estos hermanos, que inventaron la fotografía instantánea. Captaban lo que ocurría en una instante, justo lo que hace poco vimos en pintura con Edouard Manet y el impresionismo. ¿Os acordáis?

“LOS HERMANOS LUMIÈRE INVENTARON LA FOTOGRAFÍA INSTANTÁNEA”

Ese fue solo el comienzo. Poco después construyeron una fábrica en el barrio de Monplaisir, lugar en el que pudieron continuar con sus experimentos mientras vendían sus productos fotográficos. Eran famosos en su época, pero no por ello dejaron de investigar. Eran personas generosas y que creían en el progreso del mundo. Con ese carácter, y siempre esforzándose, terminaron por ‘inventar’ el cine en 1895.

Un año antes, los avances de investigadores como Louis Leprince y Thomas Edison empezaron a dar forma a los primeros espectáculos audiovisuales. Fue así como los Lumière, basándose en el Kinetoscopio inventado por Edison, un aparato en el que un espectador echa una moneda y puede ver una película, dieron con la solución para poder grabar y reproducir sobre una pantalla: el cinematógrafo. Sí, seguramente no os suene, pero se pasó de la nada al todo. Con este invento, el cual era una caja de madera con un objetivo y una película de 35 milímetros que se manejaba con una manivela, nació el cine.

Con este prodigioso aparato bajo el brazo, los Lumière se lanzaron a hacer grabaciones de la vida cotidiana que apenas llegaban al minuto. Así, grabaron ‘Salida de la fábrica Lumiere’, ‘El desayuno de un bebé’ o ‘El regador regado’. En un primer momento las proyectaban de manera privada, pero la expectación creció tanto que el 28 de diciembre de 1895 realizaron la primera sesión pública el conocido Salón Indio del Gran Café de París. Exacto, esta fue la primera vez que un grupo de personas pagó su entrada de cine. El primer día solo fueron 33 espectadores, pero entre ellas había una muy especial: George Méliès, quien a partir del invento de los Lumière abriría un nuevo camino, el del cine con argumento y escenas. Por cierto, en las siguientes sesiones sí que hubo grandes colas para ver un montaje que duraba algo más de cinco minutos.

Los Lumière eran científicos, y como tales no terminaron de entender lo que acababan de descubrir y las miles de posibilidades que tenía. Ellos querían conseguir grabar y proyectar un vídeo a partir de la sucesión de imágenes instantáneas, y lo lograron. Pero después dejaron claro que no eran directores de cine como tal, lo que les hizo ir perdiendo el interés hasta abandonar tal investigación pocos años después.

Eso sí, les dio tiempo a tocar géneros como la comedia y el terror, y a trabajar la profundidad de campo con ‘La llegada del tren’. Cuentan que más de un espectador, al ver cómo se acercaba el tren, corrió asustado. E incluso se expandieron por todo el mundo enviando a gente a grabar por América Latina, Estados Unidos, España o Rusia, dando lugar a una globalización sin precedentes de las imágenes del planeta.

Hasta ahora hemos hecho un recorrido por el pasado pero, ¿qué ocurre en el presente? Pues que siguen siendo muy recordados gracias al Instituto Lumière. Fundado en 1982 por el nieto de Louis Lumière justo en Monplaisir, donde tenían su fábrica, en el instituto encontramos un museo y un centro de proyección y edición; y lo que es más importante, un afán por conservar y cuidar la historia del cine que les hace tener hasta 1405 películas originales que han sido restauradas por la Filmoteca francesa del Centro Nacional de la Cinematografía.

Quieren conservar el patrimonio, pero no solo eso, sino que difunden el cine mediante un programa educativo que llevan a cabo en colaboración estrecha con las escuelas: lecciones de cine en los institutos y universidades, talleres introductorios para las escuelas primarias, proyecciones y conferencias para todos los niveles escolares. Así es el día a día del legado Lumière.

¡Hasta el próximo viernes!

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